La caída de una persona invidente en una fosa en pleno Centro Histórico volvió a poner bajo la lupa al fideicomiso encargado de atender el corazón de la ciudad. Desde que el exgobernador Patricio Martínez asumió la presidencia de este organismo el 20 de febrero de 2024, los resultados visibles prácticamente brillan por su ausencia. Más allá del cambio de algunas tapas de registro, trabajos realizados en coordinación con la Junta Municipal de Agua y Saneamiento, no existe una obra de impacto que refleje el destino de los recursos administrados. En cada reunión abundan las presentaciones y las diapositivas, pero en las calles persisten banquetas deterioradas, obstáculos y una evidente falta de infraestructura para garantizar la movilidad de personas con discapacidad, precisamente en la zona que debería ser el ejemplo de accesibilidad y conservación para todo el municipio.
Lo ocurrido no puede reducirse a un accidente aislado, sino que exhibe una preocupante falta de resultados de un fideicomiso que, hasta ahora, parece más dedicado a administrar recursos que a transformar el Centro Histórico. Sería oportuno que el alcalde Marco Bonilla solicitara una rendición de cuentas seria y pública, basada en obras concluidas, indicadores y beneficios concretos para la ciudadanía, no en exposiciones con diapositivas. Porque si después de más de dos años la principal evidencia de trabajo sigue siendo una presentación en una sala de juntas, la percepción ciudadana inevitablemente será que este organismo opera más como un espacio de compromisos políticos y pago de favores que como un verdadero instrumento para rescatar y dignificar el primer cuadro de la capital.
Algo raro está ocurriendo en los pasillos del Municipio de Chihuahua. Hasta hace apenas unas semanas parecía que dentro del PAN había una ruta más o menos clara rumbo a las candidaturas de 2027. Los nombres de los regidores Félix Martínez e Issac Díaz aparecían de manera constante en el tablero político, no solamente por ocupar una regiduría, sino porque son de los que si le han dado una pasada al territorio, caminando colonias, gestionando problemas vecinales y construyendo una presencia que difícilmente puede fabricarse únicamente desde una oficina o una publicación en redes sociales.
Pero, de pronto, el libreto cambió. Ahora pareciera que la nueva apuesta consiste en colocar bajo los reflectores a la regidora Myrna Monge, mientras las redes oficiales y los círculos políticos comienzan a impulsar discretamente a otros perfiles, incluso algunos directores municipales que fuera de los pasillos del Ayuntamiento pocos ciudadanos identifican y, siendo sinceros, nadie estaba pidiendo como posibles candidatos. En política las casualidades casi nunca existen; cuando cambian las cámaras, normalmente también cambian los intereses.
La pregunta inevitable es si existe una fractura dentro del panismo municipal o si alguien decidió mover las piezas del ajedrez antes de tiempo. Tampoco pasa desapercibido que Félix Martínez e Issac Díaz han sido vistos como dos de los principales promotores del proyecto de César Jáuregui rumbo a la Alcaldía. ¿Será precisamente esa cercanía la que hoy los tiene fuera del reflector? ¿O simplemente desde otro grupo político ya comenzaron a construir un plan distinto para definir quiénes llegarán a las boletas?
Porque una cosa es promover nuevos perfiles y otra muy diferente intentar fabricar candidaturas por decreto. La política no funciona como una campaña de publicidad donde basta con aumentar el presupuesto en redes sociales para convertir a un funcionario desconocido en una figura competitiva. La ciudadanía suele distinguir entre quien ha recorrido las calles durante años y quien apenas empieza a aparecer en las fotografías oficiales.
Mientras tanto, en los hijos de Gómez Morín quizá deberían recordar que las candidaturas no se construyen únicamente en las mesas donde se reparten los reflectores. También se construyen en las colonias, en el contacto con la gente y, sobre todo, en la percepción ciudadana. Porque si el mensaje termina siendo que el trabajo territorial vale menos que las simpatías internas, entonces el verdadero problema del PAN no será quién llegue al 2027, sino quién terminará sintiéndose abandonado mucho antes de que inicie la carrera.