En la política chihuahuense hay personajes que entienden mal eso de la “lealtad”. Una cosa es respaldar a tu jefa política en momentos complicados y otra muy distinta es salir casi casi con matraca, tambora y brigada de campaña disfrazada de solidaridad institucional. Y ahí es donde entró Rafa Loera, enfundado en sus famosos “chalecos azules”, recorriendo colonias como si estuviera en plena precampaña… aunque oficialmente nadie ande en campaña. Bueno, oficialmente.
Porque mientras la gobernadora Maru Campos enfrenta el vendaval mediático y político por el tema de la FGR y los supuestos agentes de la CIA, hubo quienes vieron el asunto como crisis… y otros como casting político. Rafa claramente eligió la segunda opción.
Y es que el muchacho trae unas ganas desesperadas de que lo volteen a ver rumbo a la alcaldía de Chihuahua, aunque todavía nadie le haya hablado para el papel principal. Pero él ya llegó maquillado, vestido y hasta con foto de portada lista. Nomás le falta que alguien le diga: “sí joven, usted es el elegido”. Porque por ahora, ni hijo pródigo, ni heredero, ni sucesor oficial. Apenas aspirante con mucha iniciativa… y demasiada prisa.
En los pasillos ya le cargaron un apodo cruel, pero bastante popular: el “Bonilla de Temu”. Porque intenta copiar la fórmula de Marco Bonilla: cercanía, calle, imagen amable y estructura territorial. El problema es que una cosa es comprar el producto original… y otra pedirlo por aplicación esperando que llegue igualito. Y pues no. A veces sale más chiquito, más corriente y sin piezas completas.
Porque guste o no, Marco Bonilla construyó años de presencia política, relaciones, operación y hasta cierta simpatía natural con sectores ciudadanos. Rafa, en cambio, parece querer brincar del tutorial directo al nivel final. Como si ponerse el chaleco automáticamente lo convirtiera en candidato competitivo.
Lo más curioso es el timing. Mientras el gobierno estatal intenta apagar incendios políticos y mediáticos, él decidió sacar brillo personal. En lugar de bajar el perfil y mostrar prudencia, aprovechó el ruido para meter su nombre hasta en la sopa. Que si visitas, que si apoyo, que si defensa, que si fotos. Tantita madre, por favor.
Porque cuando tu jefa está en medio de un escándalo nacional, quizá lo más elegante no es usar la turbulencia como trampolín electoral. Pero en la política moderna ya quedó claro que algunos ven cualquier crisis como oportunidad de branding personal.
Y mientras Chihuahua anda entre carpetas, declaraciones, FGR y teorías sobre la CIA, Rafa Loera anda haciendo lo único que realmente le interesa: que no se olviden de él aunque sea cinco minutos.
Podrán existir campañas, videos institucionales y brigadas presumiendo trabajos de bacheo, pero la realidad de las calles en Chihuahua terminó reflejada en los propios datos oficiales. La Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del INEGI, publicada el mes pasado, reveló que el 82.7 por ciento de la población considera los baches en calles y avenidas como uno de los principales problemas de su ciudad. Y el dato cobra todavía más relevancia porque esta medición solamente se aplica en dos municipios del estado de Chihuahua: Ciudad Juárez y la capital. Es decir, no se trata de una percepción aislada, sino de una evaluación directa hecha en las dos ciudades más importantes de la entidad, donde los ciudadanos dejaron claro que el deterioro del pavimento sigue siendo una molestia cotidiana pese a los constantes anuncios del programa de bacheo del alcalde Marco Bonilla.
Claro que esos números difícilmente serán llevados a cuadro o presumidos desde el Municipio, porque hay estadísticas que simplemente no encajan en el discurso oficial. Mientras se destacan otros indicadores favorables, miles de automovilistas continúan enfrentando daños, tráfico y calles parchadas que vuelven a romperse con rapidez. La ENSU terminó confirmando lo que los ciudadanos observan todos los días al recorrer la ciudad de Chihuahua: el problema de los baches sigue sin resolverse de fondo y los trabajos aplicados han quedado más cerca del remedio temporal que de una verdadera rehabilitación de las vialidades. Porque en política, lo que se ve y lo que se mide no miente.
En Parral ya encontraron la fórmula perfecta para presumir programas sociales sin gastar demasiado: utilizar estudiantes universitarios como mano de obra gratuita. El alcalde Salvador Calderón firmó un convenio con la Facultad de Enfermería y Nutriología de la Universidad Autónoma de Chihuahua para integrar alumnos al programa “Médico Cerca de Ti”, bajo el argumento de fortalecer la atención ciudadana y brindar experiencia profesional a los jóvenes. Sin embargo, detrás del discurso institucional comienza a verse una práctica cada vez más común en muchos gobiernos: aprovechar las prácticas profesionales para sacar adelante programas municipales con estudiantes trabajando prácticamente gratis, mientras la administración se cuelga las medallas políticas y presume resultados propios.
Porque una cosa es apoyar la formación académica y otra muy distinta convertir a los alumnos en personal operativo disfrazado de servicio social. Chava Calderón parece cada vez más ambicioso en su intención de generar reflectores y construir imagen, aunque eso implique cargar responsabilidades públicas sobre jóvenes que necesitan liberar prácticas para graduarse. Al final, el Municipio obtiene personal, presencia en colonias y promoción política sin asumir el verdadero costo laboral, mientras los estudiantes terminan haciendo trabajo que debería corresponder a personal contratado y remunerado. Una auténtica caravana con sombrero ajeno que, por ahora, le está resultando bastante conveniente al alcalde parralense.